sábado, 19 de abril de 2014

Relato corto

Este es el primero de mis relatos que voy a compartir con vosotros. Solo disfrutar lectores. Alimentaros con el oxígeno que emiten mis palabras.

Ambos se miraron a ojos. Con cautela, procurando que el otro no huyese. Eran polos apuestos. Él, dulce, tranquilo siempre con una sonrisa en los labios, completamente inalterable y sobre todo, totalmente enamorado de la chica que se encontraba a pocos centímetros de él,  a la que deseaba besar con todas sus fuerzas y a la única a la que no podía tocar. Ella era fría, sin sentimientos, sin expresiones y absolutamente inalcanzable para alguien como él. Era una princesa en un mundo de plebeyos y él solo era uno más de la multitud que la rodeaba, o eso creía creer ella. Sus bocas se encontraban a pocos centímetros pero ninguno se atrevía a dar el primer paso. Él estaba intimidado tanto por su belleza como por quién era. Lo tenía completamente encandilado. Ella, empezaba a dudar de lo que era lo correcto y esa sensación apareció en sus dulces ojos color azul.  Él la volvió a observar y clavó la mirada en los ojos de la joven y en ese momento fue cuando notó la duda que ella tenía y se sintió tentado a resolverla en pocos instantes, pero todavía había algo que lo echaba para atrás. Ella le sonrió tímida, por primera vez en su vida, y él, finalmente, corriendo un enorme riesgo se lanzó. Sus bocas se rozaron levemente, con respeto la una por la otra y se separaron con cuidado. Esta vez al chico le faltó tiempo para continuar el beso porque ella atacó sus labios con vigor, sin permitir que el chico pudiera escapar de la pasión que empezaba a surgir entre ellos. Sus labios, sus corazones y sus mentes comenzaron a reclamar algo más potente, algo enérgico, aquello que solo una guerra entre sus lenguas podía ofrecer. Las bocas se abrieron a la vez, con decisión y ganas, y las lenguas se intercambiaron con una expresión de desafío. Sus dientes comenzaron a agarrar suavemente los labios del otro y ambos suspiraron, sintiéndose completos por primera vez en su existencia. Sus cuerpos se adaptaban el uno al otro y sus corazones luchaban por estar juntos, ambos sentía que ascendía al cielo, porque era así, sus cuerpo moribundos comenzaban a ser abandonados en el suelo, y sus dos almas, unidas, ascendían entremezcladas hacía el paraíso que disfrutarían juntos. Porque en el cielo, no existían las clases sociales.


Espero que os haya gustado.

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